domingo, 1 de julio de 2007

¿las 12 chozas?

Trabajaba en un centro comercial donde mi jefe en turno me contó una leyenda, decía que había una puerta en algún lado de este centro comercial que te llevaba a otro mundo y que si lograbas entrar ahí todo el poder y la gloria serian tuyos, el quería encontrar esa puerta así que me puso a leer libros de gnomos, hadas, y trolls.

No leí mucho al respecto, pero en algún momento sentí algo que me atraía a un cierto lugar del centro comercial y al mirar bajo un estante encontré la puerta que mi jefe estaba buscando, una puerta diminuta de cómo 5 cm de altura, de alguna manera entre por la puerta y al encontrarme del otro lado, varios amigos míos estaban conmigo, estábamos trajeados estilo Calabozos y dragones, con espadas y arcos.

Por intuición supimos que este mundo estaba atrapado, encadenado bajo el yugo de una corona déspota y que nuestro deber era el de los guardianes luchar y liberar este mundo de la lucha que sufría, así que nos dividimos y cada quien fue al pueblo correspondiente de cada uno de los 12 pueblos que había en el reino, y teníamos que luchar con el viejo guardián de la choza al cual la reina había envenenado su corazón.

Cada quien fue venciendo a su adversario y nos reunimos alrededor del castillo el cual era impenetrable, mas no para el que tenia la astucia, así que mis amigos y yo empezamos a buscar alguna entrada oculta hasta que la encontramos, un pequeño pasadizo por donde solo podía entrar uno por uno y arrastrándose pecho tierra.

Yo fui el primero en entrar pero mi sorpresa fue que también la reina conocía esa única entrada y ya nos esperaban del otro lado, todos fuimos apresados y llevados a presencia de la reina de belleza egipcia, ella quería matarnos pero al ser los nuevos guardianes de las chozas tenia que pedir asesoría al consejo real y detrás del trono se corrieron las cortinas y espectáculo macabro que se desarrollo era cautivador, cada uno de los antepasados de la Reina seguía ahí en estado de putrefacción, sin moverse, como momias, algunos eran mas polvo y piedra que realmente seres que alguna ves vivieron, se comunicaban a traves de la mente.

Al hacer la reina su pregunta, ¿Qué debo hacer con ellos? Los semi-dioses contestaron que no le diera mas vueltas al destino, ella sabia que tenia que hacer y ella volteo a verme diciendo, te tienes que casar conmigo, este mundo necesita un rey y la profecía decía que vendrías tu comandante de los 12 guardianes, y yo quede en shock yo no podía quedarme en ese mundo, tenia una esposa en mi propio mundo, un trabajo, amigos, una vida, si habia llegado ahí era por pura casualidad.

Uno de mis amigos, que estaba atrás, se acerco gritando a la reina, “Princesa, sabes bien que con quien te tienes que casar es conmigo, no con el que te plazca sino con el mas fuerte y ese soy yo”. De inmediato comprendí mi papel en ese mundo, mi parte en la profecía, de la profecía que liberaría al reino y también comprendí que había sido utilizado, que mi amigo siempre me había aconsejado y guiado sobre las acciones a tomar y que todo el hechizo y embrujo bajo el cual estaba ese mundo caería al matar a mi amigo, aquel que me había usado y traicionado y al momento en que se iba acercando a la reina volteando hacia el desenvaine mi espada y le atravesé el corazón, al momento los semi-dioses gritaron al mismo tiempo mientras un tornado de arena los iba desvaneciendo al centro de la cámara sepulcral, la reina cayo al suelo desmayada y al recobrar el conocimiento nos bendijo y nos dio gracias por haberla liberado del hechizo.

Volvimos cada uno a nuestro mundo, pero con el sello marcado en el pecho del deber como guardianes del reino que teníamos y por fin comprendimos que hacia esa choza con luces al centro del centro comercial, esa nos indicaba el estatus de cada una de nuestras chozas para que pudiéramos percibir la situación del reino mientras no estábamos en ese mundo cada quien era responsable de cada choza, cada pueblo, cada una de las 12 puertas que llevaban al reino.

Mi jefe al ver que no conseguí encontrar la puerta, contrato a otro ayudante para que el pudiera encontrarla, obviamente mientras mi deber fuera, el nunca encontraría la puerta.

Al final estábamos los 12 alrededor de la choza enseñando a nuestros aprendices como reconocer el estado del reino y nuestro deber de mantenerlo en paz.

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